Bailar agarrados y bailar sueltos


Cuando era joven, bailar agarrados era lo que hacíamos en los guateques cuando bailábamos con una chica las canciones lentas de la época (temas de Adamo, los Brincos, los Bee Gees, los Beatles, etc.). Otras músicas como los valses, chachachás, pasodobles y demás, que también se bailaban agarrados, pero no tanto, y con un formato determinado; sólo se oían y bailaban en las verbenas y en las fiestas de los barrios y de los pueblos, aunque por lo general, salvo que lleváramos algunas copas de más, protagonizados por personas mayores. Y es que bailar, lo que se dice bailar, que yo recuerde, ninguno de los chicos de mi generación y entorno sabía, empezando por el susodicho “agarrado”, cuyo desarrollo o ejecución no tenía muchas complicaciones. Siempre era el mismo movimiento, sonara lo que sonara; simple, monótono. A saber: una vez puesta las manos en la cintura de la chica, la pareja iba girando lentamente, como un trompo ralentizado deambulando de aquí para allá, dando pequeños pasos; primero levantando un pie y luego el otro, y así sucesivamente. Los que poníamos una mano en su cintura y la otra en su espalda y hacíamos un requiebro con paradita y pequeño balanceo, éramos unos aventajados, aunque de poco nos sirviese para el objetivo fundamental del plan motriz, que era, por supuesto, ligar, lo que no quiere decir que tuvieramos consciencia alguna de ello. Las chicas, como siempre, andaban un poco más duchas en éste y otros lances, pero poco podían hacer con nuestra patosa y elemental forma de bailar a piñón fijo, sólo dejarse llevar o tratar de enmendar al chico para evitar algún que otro pisotón. Y la gente joven que vino después peor aún, incluso esta ingenua y, a veces, eficaz práctica de aproximación cayó en desuso y estuvo en peligro de extinción, por lo que tal vez hoy en día haya desaparecido por completo en pro de danzas cibernéticas virtuales.

Cuando más mayores los afortunados bailaban con su novia o pretendiente, lo hacían tan arrimados -se puede decir que pegados- y estaban tan concentrados en lo suyo, que apenas daban un paso, y más que un baile era un fuerte, apretado y sostenido abrazo integral o de cuerpo entero con un leve balanceo apenas perceptible. Sus revoluciones eran otras, y en dar una vuelta completa sobre una reducidísima área de apoyo podían tardar media hora.



Por otra parte, si la chica no ponía los frenos y dejaba que te arrimaras, el bailar agarrado se podía convertir, además, en bailar empalmado y, en algunos casos, sonrojado. En esto las chicas también jugaban con ventaja: se nos veía el plumero. Pero así lo ha querido la Naturaleza, que sus razones tendrá.

En definitiva, este bailar agarrado era únicamente una excusa para tener contacto, a ser posible intenso, con una chica. Bailar por el placer de bailar no era el caso y no se concebía ni creo que se nos pasara por la imaginación. Sin embargo años más tarde, a principios de los 90, se pondría de moda las academias de baile de salón y algunos de aquellos jóvenes, ya maduritos, trataron de superar su frustración y se pusieron a aprender a bailar como locos salsa y todo tipo de baile sin ninguna otra pretensión aparente.



Si bailando agarrados éramos torpes y sosos, tampoco éramos muy diestros bailando suelto compases y ritmos trepidantes como el twist y el rock and roll. Nuestra especialidad era hacer el indio, moverte libremente sin ningún esquema ni cortapisa, sin contacto alguno con nadie, al ritmo de Satisfation (Rolling Stones), Land of 1000 dances (Wilson Picket), All right now (Free), Get ready (Rare Heat) o Get on your knees (Los Canarios), por poner sólo algunos ejemplos memorables (para oír otras canciones moviditas de aquella época les sugiero, como siempre, que visiten nuestra Máquina de Discos de Vinilo); aunque, dentro del be yourself o del “allá cada cual”, hubo diferentes modas, algunas bastante estáticas, es decir con los pies casi hincados en el suelo, en las que se flexionaban las piernas, y que asocio, por ejemplo, con La balada de John Lee Hoker (Johnny Rivers). También las hubo en que todos bailábamos sincronizados con pasos y movimientos reglados, formando filas que iban de aquí para allá y coreografías a veces muy bonitas. Este tipo de baile lo relaciono sobre todo con la época de la música soul y, tiempo después, con Sugar, Sugar (The Archies), Chirpy Chirpy Cheep Cheep (Middle of the Road) y otras joyas por el estilo.

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Luego vendría lo que de una forma general denominábamos música-discoteca, pero eso es otro cantar y en algunos casos otra forma de bailar...

 

 

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