Javier Krahe:
trovador ibérico de bellota

(acerca de este homenaje)

 


Javier Krahe y su banda en la Plaza Mayor de Madrid a mediados de los 80,
probablemente durante las fiestas de San Isidro. Arriba, a la izquierda, el omnipresente
Adreas Prittwitz (saxo, clarinete y flauta); a la derecha, Antonio Sánchez (guitarra, coros y cazú)
y Javier Krahe (voz, guitarra y cazú); debajo de éstos, Javier López de Guereña (guitarra y coros)
y Fernando Anguita (contrabajo y coros); a la izquierda, entre Krahe y "El Largo",
Jimmy Ríos (percusión, batería y coros).
(Fotos: JRT)


Podemos decir sin exageración ni la menor vacilación que Krahe es un cachondo; ocurrente, agudo. Pero no sólo eso: probablemente sea, junto con Aute, uno de nuestros cantautores más erudito y culto. El segundo, además, habla diferentes lenguas casi desde que le salieron los dientes, lo cual, como todo el mundo sabe, allana el porvenir y sobre todo es muy conveniente para poder ser convincente en cualquier país indecente en el que no se hable español-castellano. Javier Krahe no creo que le vaya a la zaga en cuestión de idiomas (su apellido es cuando menos sospechoso, y con los gabachos no se lleva mal), aunque la prueba irrefutable de su vasta cultura es que conoce nada más y nada menos que a Piero della Francesca (éstas son ya palabras mayores), y asegura que no anda mal en Geografía e Historia. Tampoco en Mitología se queda corto, y algo debe saber de literatura, e incluso tiene nociones de farmaco-pea y tal, pues algunas veces, en la melopea creativa, se desboca y usa palabrotas como orfidal o nembutal, que son sólo familiares para los iniciados en ciencias ocultas y locos de remate, majaras de atar. Por otra parte, a decir de Sabina, que lo considera su gurú (yo me apunto aunque no despunte), y por lo que se desprende de las letras de sus canciones, comentarios, actos, acciones y omisiones, y obra y deshechos en general; parece que también es por lo menos meridianamente sabio, que se defiende en esto de lidiar con la vida, de la que parece está un tanto desengañado, sobre todo teniendo en cuenta el antecedente del tío Marcial: llueve sobre mojado. Pero este ingenioso e irónico trovador, ilustre contestatario políticamente incorrecto, “de conducta vagamente antisocial”, además de irreverente e infiel anticlerical -hace tiempo que le importa un comino que el último jalón de su camino caiga lejos de Roma- y muchas veces esdrújulo, es en mi opinión, por encima de todo, un gran poeta, a veces tal vez mísero y sórdido, pero en ningún caso tétrico (me atrevería a decir).

Mucha gente lo conoce sobre todo por sus canciones divertidas, en ocasiones sarcásticas o cargadas de humor negro, pero siempre profundas, de hondo calado (ahumado, añadiría yo). Y es que, como su admirado Brassens, es un gran maestro en decir cosas serias y transcendentes salpicadas de fino e ingenioso humor: en el tratamiento cómico de asuntos trágicos. Ahí está su alegato contra la pena de muerte, también llamada capital por superlativa. Me refiero a “La hoguera”, una de sus obras maestras que no tiene desperdicio, como la película “El verdugo”, de García Berlanga. Dentro de que casi toda empresa para mejorar este mundo es un acto, amén de osado, inútil, como diría nuestro homenajeado; para estos menesteres -el de salvar a la Humanidad del mal humano- probablemente sea más efectiva la tragicomedia que el drama o la tragedia: el mensaje en clave de humor y la risa como armas de destrucción masiva de las miserias humanas, como antídoto contra el miedo a cambiar las cosas o a ser diferente, o a simplemente ser.


Javier Krahe, en un bar de Zaragoza, con su famoso cigarro en la mano y el clásico pañuelo al cuello.
A la derecha Joaquín Carbonell y Joaquín Sabina.


También del gusto de este señor flaco y barbudo, de triste figura, clarividente en razón de sus ojos claros, y con aires y ramalazos quijotescos; es tratar temas divertidos o esperpénticos con melodías de estilo clásico y arreglos de orquesta de cámara (su primer LP es una obra maestra en este aspecto y otros muchos), de tal manera que la gravedad de estos últimos contrasta con la rima desenfadada, pero punzante, de sus letras, que lindan a veces con la chirigota. Y por supuesto, lo opuesto. Y es que para empezar, él es el primero que se ríe de sí mismo a sabiendas de que se encuentra en un valle de lágrimas, o quizás por ello, aunque sólo sea para llevar la contraria. Pero cuando se pone serio, uf ! entonces es espeluznante, sus canciones alcanzan cotas elevadas e inesperadas de poesía y sensibilidad que le dejan a uno temblando de emoción, patidifuso; estas coplas, además, nos suelen pillar de improviso, casi a traición, todavía con la risa o la carcajada en la boca de la anterior canción. Y como muestra, un botón:


Hoy por hoy

La suave luz que anima mi ventana
temprano me avisó que ya era el día:
nuevo plazo de vida que venía,
mañana ha sido hoy por la mañana.

Al filo del reposo, por lo sano
se ha cortado la línea divisoria
que separa mi propia trayectoria
de mi vida común de ciudadano.

El porvenir, posible e indeciso,
al ayer tan seguro, le consulta,
el hoy por hoy me entrega y resulta
un hoy por hoy de límite impreciso.

Mañana ha sido hoy tan de repente...
hoy tengo que volver a hacerme cargo
de cuanto es dulce, de cuanto es amargo,
de cuanto casi es indiferente.

Como el tiempo ni siente ni padece
lo mismo si hace alegre o si hace triste
hoy estoy para todo lo que existe,
lo que ya va morir y lo que crece.

En este instante me siento quien soy,
adelante y atrás todo es mi vida,
mi vida a la redonda y esparcida,
mezclada con el mundo, ayer y hoy.

Porque ayer me ha pasado su recibo:
otro día al alcance de la mano,
otro día de asombro cotidiano.
Porque, en fin, me parece que estoy vivo

(Javier Krahe-Jorge Krahe
Aparejo de fortuna, 1983)


Oveja negra de su familia (¿o era Raúl, el del baúl azul; o el desencantado tío Marcial?) vendió por un plato de lentejas, tal vez más de una vez y toda a la vez, su piel, asegurando y perjurando por San Cucufato y otros santos (San Cosme, San Damián,…) que era astracán. Por su conocimiento del santoral y de la literatura sacra parece que antes de ser un buen ateo de provecho fue, como suele ser, si no fraile, al menos cruzado eucarístico o sacristán de mucho esmero, pues parece que conoce como pocos de lo que habla, y algún latinajo suelta de vez en cuando. Y como en su obra son frecuentes las referencias a temas de la mitología pagana, igual hasta sabe griego, y esto, en mi incultura o ignorancia, por una parte me zozobra por entero; pero por otra, lo celebro, bailando el sirtaki, como Zorba.


Javier Krahe con Joaquín Sabina y Teresa Cano


No es un burdo rumor que a pesar de los desencuentros amorosos con Marieta y del desplante de la mujer que lo abandonó llevándose las maletas, y a la que todavía anda buscando; Javier Krahe tiene un no se qué, qué sé yo, que sólo lo tiene Javier. Y aunque siempre que ha podido ha cumplido como varón sin descuidar las cuestiones domésticas propias de su condición (apretando tuercas, por ejemplo, tiene mucha destreza, si bien es verdad que esta labor compleja, a la postre, le quita tiempo y le distrae de su primordial y más elemental función: la de semental), unas veces son ellas las que se quejan, se van y le abandonan; pero otras, en cambio, con dos tetas, simplemente le echan, sin apenas decir ni mú, sin rodeos ni contemplación, para quedarse la mar de a gusto a solas y a dos velas; en ocasiones, a pesar de las refriegas, se quedan, sí; pero si -canillas al aire- él se las pega, le responden con la misma moneda y le sacan brillo a su cornamenta a la luz de la luna o bajo el guiño cómplice de las estrellas (¿peaje de amor, cantidad irrisoria?). Cuando tocado de soledad busca refugio y regocijo en mujeres de cara oculta o en algún ensueño con sombrero, pronto siente añoranza de su Dulcinea, que paciente espera y azuza las ascuas de la lumbre del lar, o las del brasero, sabedora de que al final regresará buscando de nuevo cobijo en el “calorcillo del fuego sagrado de la costumbre”; y si le indulta, que es lo normal, porque es muy buena, santas y floridas Pascuas tengan.

Enamoradizo sin remedio (¡ha tenido hasta cien amores! y todos tangibles y muy variopintos; aunque uno poco cuenta porque no tuvo escapatoria) es, en alguna medida, un impostor impúdico de los que frecuentemente se exhibe sin guardar la compostura (¿qué será -se pregunta y no me extraña- que este cuerpo gentil visto así en cueritatis por dinero está bien y molesta si es gratis?). Y muy solidario y proclive a beneméritas acciones (posiblemente le venga de su tío Marcial, un referente en su vida): una muestra de ello es su canción en contra del Alzeimer o la que compuso en favor del lirón. Un poco ingenuo, si hay que hacer el indio por una noble causa perdida, de entrada lo hace con mucho gusto, no tiene ningún inconveniente, aunque la pueril travesura, “en un país de gritos iracundos”, le cueste ostracismo, incluso excomunión (“uno, pobre infeliz, tan dispuesto al abrazo y la España Cañí va y te da un españazo”), frustrando de esta manera su irresistible vanidad de tener en su pueblo un pedestal donde le doren la peana (y es una pena, la verdad…). Su apoyo decidido para que Villatripas de Abajo erigiera en monumento a la Jacinta, su moza de mejor pinta, le trajo problemas de esta guisa y de otra índole, e hizo que por un tiempo fuera la comidilla y blanco de las críticas “celestiales” de los de Arriba. Quizás al tercer ron y por su abuso se le fue la olla a las antípodas, donde, según cuenta, parece que todo es muy parecido a lo de aquí, que en todas partes cuecen habas y que son habas contadas. Hasta qué punto, pues, merece la pena salir de la topera, a riesgo de deslumbrarte, y emprender, como Ulises, una Odisea, para encontrar, después de cientos de peripecias y miles de kilómetros, más de lo mismo; es una cuestión que magistralmente expone y plantea y que quizás es urgente debatir. La globalización es lo que tiene.


Javier Krahe durante una actuación


No es un buen instrumentista, pero algunos lo echamos de menos acompañándose de su guitarra; tenía su gracia. En este punto no comparto la opinión del hombre del bigote, y no me refiero al del linimento Sloan, sino al de la bata blanca -algunas veces la llevaba, y por supuesto desentonaba, cuando se enganchó a la aventura de Krahe- que le convenció para que en sus conciertos no la usara, ni tan siquiera la rasgara, creyendo que de esta forma hacía un gran favor al respetable. No lo creo. Aunque es verdad que lo liberó de una tarea ardua, pues los años y la buena-mala vida (solía pasar largas horas de fiestas), como es natural, le iban pasando factura (ya, cuando había lugar, se echaba la siesta, y dormía sin más), acentuando su endémico, pero justificado, descontrol: acordarse de la retaíla de sus letras y de las posturas, incluidas las difíciles, era cosa complicada (y para colmo, tú, el cazú, con su tururú); y mas aún las del Kamasutra, pues, acorde con su decrepitud, se hacía la picha un lío.

Cuando le iba requetebién, radiante de salud, padeció un fuerte sinsentido lato y un vacío tan hastío que apunto estuvo de salirse por la tangente y tirar la toalla, planteándose incluso, y esto sí que es serio, excluirse del padrón para echarse en brazos de morfeo, cambiar su querido pañuelo al cuello por una soga que le apretase el gaznate. Menos mal que un tal señor Juez, sojuzgante y arrogante en razón de su poder otorgado, y un ujier que abusaba de las haches y pasaba por allí, pero que en un principio no entraba en la canción; le sacaron de quicio. Y en el cabreo, que si tal que si cual, se le fue el santo al cielo, y sufrió un ataque de amnesia que, si bien no consiguió desclasarle, hizo el resto, finiquitando el quid de la cuestión, que resultó ser sólo un bache (*).



Página siguiente

 

 


- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - N O T A S - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -


Todo parece indicar que este homenaje se fue gestando en mi inconsciente durante bastantes meses, tal vez años, y a la hora de materializarse se me fue de madre, dando a resultas una criatura de mucho volumen y peso, y algo desproporcionada, que vista con objetividad, ajena a la mirada maternal, es posible que a algunos les asuste o les disguste. Pero sea como fuere, sea lo que sea; así es, y yo la encuentro bella, no porque sea fruto de mi imaginación o locura, con razón; sino porque es para quien es y la engendré de mil amores. Gracias, Javier, por ser y estar.

Naturalmente este pequeño homenaje es extensivo a sus fieles y excelentes músicos, a la par que amigos, que desde casi sus inicios le arropan y le acompañan en su aventura y ventura musical, siguiéndole con mucho cariño, que es recíproco, y acompasadamente la corriente.

Por cierto, y hablando de afectos: “De mil amores” es el titulo del libro de Miguel Tomás y Valiente -sí, el con motivos desdichado "hijo ausente"- y Octavio Colis (ilustraciones), que acompaña al último disco de Krahe. A él remito para mayor abundamiento sobre las letras, sílabas, palabras, frases y textos (composición, argumento, etc.) en general de muchas de las canciones de este vago burlón, parte de cuyas memorias recoge, no sin regocijo, Paloma Leyra en otro libro, compañero andante del disco precedente, “Querencias y Extravíos” (no todo va a ser “Toser y Cantar”), que también puede y debe consultar el lector para contrastar algunos datos aquí expuestos procedentes de otras fuentes más versátiles, volátiles e imprecisas, frecuentemente poco verosímiles y equivocas, que propician a veces interpretaciones disparatadas. Pero lo mejor para salir de dudas es comprar y escuchar sus discos, y que cada cual saque sus propias conclusiones; rematando la faena asisitiendo, cuando se tenga ocasión, a sus conciertos: un lujo en do mayor.


VOLVER


Bueno, al menos esta es la interpretación que recoge Diógenes de Loeches en su Historia de Cantarines Ilustres, que no cantamañanas (aunque a veces nos canten de corrido las mañanitas o las cuarenta), quizás la fuente más fiable. Bultaco, sin embargo, no va mucho más lejos, pero en la reseña que hace de Krahe en Vidas Ejemplares, recoge noticias de autores más antiguos, en las que se menciona un probable desdoblamiento polivalente de la personalidad de dicho autor, de tal manera que víctima, juez y parte (contratante o no), contraparte y demás, serían la misma persona. No obstante es posible que se trate sólo de leyendas o incluso de fantasías del propio historiador, pues era vox populi que estaba como una moto. Algunos analistas incluso encuentran connotaciones de carácter freudiano en el citado doblete (triplete si incluimos al ujier): Javier Krahe se habría hecho pasar por suicida para despacharse a gusto con el Juez y llamarle asesino porque, en realidad, dado su linaje y estirpe, desde niño o incluso antes -siendo embrión uterino- deseaba llevar toga y codearse con la Justicia (y a fe de otros, vive dios, que lo está consiguiendo); de ahí su frustración, que derivó en la tristemente célebre opresión. Otros piensan que es más juez que parte, y la víctima una excusa de las suyas. La problemática no es baladí, pues muchos estudiosos de la vida y obra de Krahe han encontrado serias dificultades a la hora de discriminar entre la vida pública, la vida soñada y la vida privada de dicho cantautor; o la legendaria, inventada por sus fascinados admiradores y seguidores, algunos de los cuales niegan sutilmente que tenga o haya tenido nunca vida privada; entre éstos los hay también que le confieren algunos poderes sobrenaturales, propios de extraterrestres (su posicionamiento respecto a la existencia de ovnis parece apuntar en este sentido), mesías y ungidos, salvadores del género humano y liantes e iluminados en general. Los confusionistas, aunque no lo mencionan expresamente, parecen atribuirle una cuarta dimensión y otras cosas por el estilo, incluso la rama más oscura de los pitagorines y algunos surfistas piensan que realmente se suicidó y que, en contra de los que creen que la muerte no tiene cura, resucitó al tercer día, si bien es cierto que cuando fueron a entrevistarle no se acordaba de nada. Este hecho, de confirmarse, quizás podría explicar en alguna medida el aspecto espectral que arrastra desde hace algún tiempo. En fin, que no hay acuerdo, que nada es conciso, que todo es más bien un jaleo macabeo, y con estas cosas hasta yo mismo me irrito y también me cabreo. Y por ende y consiguiente mejor me callo, no sigo.


VOLVER


- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

 

De Vez en Cuento

d e v e z e n c u e n t o . w e b s . c o m

Cantautores