La evolución amorosa según Talcual Talvez Quizás
Amores se van marchando como las olas del mar
(“Amores”, 1970. Mari Trini).


Primera etapa: convergencia


A todos les gusta la misma, y a todas el mismo. Los agraciados normalmente se emparejan y los demás se quedan a dos velas. ¡Que se mueran los feos!

Segunda etapa: desbarajuste


A “A” le gusta “B” que le gusta “C” que le gusta “A”. Nada encaja, todos se desesperan y escriben poesía, ninguno se come una rosca. Todos pierden, nadie gana. Calabazas. ¡Ay, amor!, sin ti no entiendo el despertar.

Tercera etapa: desconcierto

Tras continuos tanteos y fracasos, se busca refugio en lo cercano y en lo que está al alcance de la mano, o por el contrario en el más allá, siempre moldeable a nuestro antojo según conveniencia. Bajada del listón: se empieza a reparar en la existencia de las minúsculas, que, después de todo, no están tan mal y tienen su gracia. Pero, por lo general, la experiencia no termina de cuajar. Rebajas de enero.

Cuarta etapa: correspondencia

Por fin surge el flechazo mutuo entre “X” e “Y”, pero la ceguera (llámese si se quiere inconsciencia), las circunstancias, la inexperiencia, la inseguridad y/o el miedo a ser rechazado (¡con lo que valemos!) o al fracaso frustan la relación, que pervive en estado platónico por los siglos de los siglos. Samba pa tí (.....aquellas pequeñas cosas).

Quinta etapa: liberación y amor cósmico

Nos vamos conociendo y liberando. Estamos meridianamente a gusto con nosotros y esto nos hace más guapos, aumentando nuestro poder seductor. También más abiertos y receptivos. Casi todo vale, y aunque no se busca y nada se espera, algunas cosas llegan…; a veces demasiadas y muy tentadoras, tantas y tanto que de una manera bastante tonta se corre el riesgo de hacerse un tremendo lío y quedarse de nuevo a solas atónito y perplejo. All you need is love...

Sexta etapa: sólo pienso en ti

...y entonces llegó ella, o él. Estaba escrito. Todo tuvo lugar de una forma natural, dejándose llevar. Viviendo el día a día, sin proyectos de futuro y sin dar nada por hecho. Y el tiempo fue haciendo el resto: los necesarios e inevitables ajustes y reajustes para un buen acoplamiento, hasta que dos, que se complementan, se funden en uno. Pero manteniendo la personalidad, la independencia y la individualidad de cada cual; apoyándose y no anulándose mutuamente, sumando y compartiendo, respetándose. Equilibrio, sí; calma chicha y estabilidad. No hago otra cosa que pensar en ti mientras nos ocupamos del mar.


NOTA: El orden de la secuencia no altera el valor de las musas ni el debido respeto y temor a las brujas. Si tuviste la desgracia o la suerte de no pasar por una o varias de estas etapas, eso que te perdiste o que ganaste. No hay mal que por bien no venga, y viceversa; quizás por ésto nunca llueve a gusto de todos. En todo caso ¿quién sabe qué nos deparará el destino?, pues al fin y al cabo no somos culpables ni responsables de nada, sino marionetas de la Naturaleza.

 

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La Evolución Amorosa