Antonio Sánchez:
pongamos que hablo de "El Largo"

 

Antonio Sánchez "El Largo" tocando con Javier Krahe
en la Plaza Mayor de Madrid a mediados de los 80
(Foto: JRT)


A Antonio El Largo creo que lo conocí en la playa de Las Acacias (Pedregalejo, Málaga), probablemente en la época de El Cachalote (finales de los 60 o principios de los 70), un chiringuito con techumbre de palma, algo diferente y más moderno que los tradicionales merenderos de "pescaito" con chambao de cañas. Se llamaba así porque al poco de abrirse o quizás inmediatamente antes, había aparecido, varado en la orilla, un cachalote muerto. En dicho garito, instalado en plena playa, no servían comida, sólo bebidas, y también ponían música. Si no mal recuerdo lo habían montado los hermanos Morales (o gente de su círculo), los que promovieron e impulsaron el Voleibol (hasta entonces llamado, mayormente, Balonvolea) en Málaga, cuando casi nadie conocía ni practicaba tal deporte. Uno de ellos, Antoine, jugó en la selección española. A mí es un deporte que me gustaba y me gusta mucho, y tuve la suerte de que me entrenaran cuando estaba en el colegio de El Palo. Recuerdo que daba gusto verles jugar y que frecuentemente iban acompañados de alguna novia extranjera de belleza despampanante. Tal vez por su influjo o por una escuela de español que había por la zona, o por ambas cosas, en El Cachalote se veían a menudo alemanas al clavel y sobre todo preciosas francófonas, porque ellos, me parece, venían de Marruecos y hablaban perfectamente francés.



Jose María Alonso

En aquella época empezaba a ser conocido José María Alonso ("Vivar"). que llegaría a ser el cantautor más relevante de Málaga en los años 70. Estaba muy presente en la esfera cultural malagueña de entonces, como sus tocayos el pintor Pepe Bornoy y el poeta Pepe Infante, mayores que él. Recuerdo que asistí al estreno de su obra "El parto (antesala de la vida)", representada en el teatro Cervantes de dicha ciudad en 1975. Impactante. Fue un gran éxito y con ella alcanzó probablemente el cenit de su popularidad.


Procedencia de la foto, que ha sido recortada: El Guateque

Su nombre estaba en la nebulosa de mis recuerdos, pero de pronto, cuando empecé a desarrollar este apartado, me vino a la cabeza. ¿Qué sería de él?. Consulté en Internet y me enteré que desgraciadamente había muerto en un accidente de tráfico en 1997. Tenía 44 años. Sea éste mi pequeño homenaje.


Volviendo a Antonio, el caso es que la imagen más nítida que tengo de él es en la citada playa, bajo la intensa luz del sol de verano, cerca del taller y de la casa del padre de Pepi, que hacía y alquilaba barcas. Lo recuerdo, unas veces, tocando la guitarra, y otras, chorrando olas, con o sin tabla de mano. Más tarde, cual Beach Boys ("Sarfin' USA", "Barbara Ann") -por cierto, qué buenos eran !- se pasaría al surf, y finalmente, por imperativo climático-oceanográfico, al wind-surfing.


 





The Beach Boys

Segundo disco de "Los chicos de la playa", editado en 1963, cuando California era el Paraiso
y había muy buenas vibraciones*.

 

Vista aérea actual de la zona oeste de Playa de Las Acacias (Pedregalejo).
Hoy día tiene un aspecto bastante diferente al de los años 70, habiéndose construido un paseo marítimo,
así como espigones para pontenciar y preservar la formación de playa.
En la parte superior derecha se puede ver "La Carreterilla",
construida sobre el trazado del tren de vía estrecha, llamado popularmente "La Cochinita",
que hasta primeros de los años 60 iba por la costa, junto al mar,
desde Málaga hasta Torre del Mar, y desde allí a Vélez-Málaga.


Playa de Las Acacias
(Pedregalejo, Málaga)
desde el Paseo Marítimo
Al fondo, a ambos lados,
asoman los espigones
(Foto JRT, 2009).

   

Uno de los dos vagones que
formaban el convoy del tren "La Cochinita"
(el original estaba pintado de verde oscuro),
reutilizado como biblioteca infantil,
junto a la que fue su estación
en el Rincón de la Victoria
(Málaga)


El Largo tocaba la guitarra de maravilla, con estilo, y también cantaba con clase canciones de Leonard Cohen, como "The Partisan" y "Suzanne"; de Cat Stevens ("Mornig has broken", "Moonshadow",…) y de los Beatles, entre otros. Y qué envidia, qué bien lo hacía el condenado, era una delicia escucharle, un éxtasis. Yo por entonces, para mi desgracia, no sabía ni “Ñ” de inglés, sino algo de francés, y por lo que respecta a lenguas foráneas, canturreaba por Moustaki* y poco más. Por cierto, este verano fuimos a un concierto suyo, en el patio del Cuartel de Conde Duque (Madrid), que nos gustó mucho. Con sus 70 años nos hizo sentir y gozar de lo lindo. Una espléndida noche. Qué equivocación pensar, cuando se es joven, que a los 40, 50, 60, etc. se está acabado…Yo, por esa insensatez, desoyendo el refranero (genio y figura hasta la sepultura), me perdí uno de los conciertos de Leonard Cohen ("Who by fire", "The future") en Madrid, y fue, precisamente, Antonio quien me alertó de la estupidez y me dijo que había estado magnífico. Tomé buena nota y desde entonces no menosprecio a las “viejas” glorias, sino todo lo contrario, porque quien tuvo retuvo, aunque, claro está, no es una garantía, que no todos maduran o envejecen por igual. Así por ejemplo, Van Morrison ("Domino", "Caravan"), uno de mis preferidos, dio un espectáculo deplorable, bajo los efectos del cuelgue, en el concierto que dio hace años (finales de los 80 ?) en el Rockodromo de Madrid, y Lou Reed ("A walk on the wild side", "Rock and roll") nos dio un plantón en Marbella de mucho cuidado que tuvo que rellenar la, para mucho rato soporífera, Mahavishnu Orchestra. Pero ahí quedan conciertos inolvidables como el de B.B. King ("Three 3 o'clock blues"), el de James Brown ("Try me", "Sex machine"), el de Celia Cruz con Tito Puente en el Pabellón de Deportes del Real Madrid, el de los Stones en el estadio del Manzanares, el de Joe Cocker ("A little help from my friends", "Unchainn my heart") en el citado Rockodromo de Madrid, el de James Taylor ("You've got a friend", "Caroline in my mind") en La Riviera (una auténtica gozada), etc.


Muerte de un Mujeriego (1977),
el disco más extraño de Leonard Cohen,
sin duda por la contribución de Phil Spector,
coautor y productor, que imprimió su huella
de tal forma que apenas se reconoce
la obra del primero. Al final acabaron mal
y no hubo presentación del disco en directo.
En la foto, Leonard Cohen flanqueado por
Suzanne Verdal (dcha.) y Eva LaPierre.


También lo recuerdo dibujando en la Escuela de Artes y Oficios de Málaga, en El Egido, donde recibía clases de dibujo artístico, junto con La Trucha (Maripaz), que terminaría siendo su mujer, y mi amigo Bibi, que desde siempre tuvo claro que quería ser pintor o artista en general, y con el que tan buenos ratos compartí. Creo que también estaba "Harrison" (Carlos Meliveo), el hombre tranquilo, que tocaba el piano y la guitarra muy bien. Antonio y Bibi estuvieron una temporada en Madrid para proseguir su formación en una academia de arte. Uno de los pintores favoritos de Antonio, al menos en aquella época, era Modigliani.


Antonio en el Café Barbieri de Madrid.
Mediados de los 80 (?)
(Foto: JRT)


Coincidíamos mucho en el Bar Centro de Pedregalejo, que todavía sigue en pie (aunque hace muchos años que no he vuelto a entrar), uno de los primeros bares de copas o más bien “de estar”, al estilo pub británico, de Málaga; es decir no era un bar de tapas ni una cafetería al uso. Un tiempo después, en el mismo barrio, abriría el carismático Galeón, y a partir de entonces, hasta la saturación, uno tras otro: Barbacoa Jazz, La Galera, Bolivia 41, Wiz, La Chancla (ahora Cohíba) y un largo e interminable etcétera. Pasado algún tiempo el centro neurálgico de la movida se desplazó, con la música a otra parte, y desaparecieron casi todos, como por arte de magia, para mayor tranquilidad de los vecinos.


Fachada mural del recinto ajardinado del bar Bolivia, abierto en una antigua casa de Pedregalejo (Málaga).
Un clásico y veterano de la zona por el que ha pasado más de una generación.
(Foto: JRT, 2010)


A la izquierda, Villa Trini, una de las pocas casas típicas que quedan en la Avenida Juan Sebastíán el Cano,
entre los Baños del Carmen y el Arroyo de Los Pilones, en el barrio de Pedregalejo de Málaga.
Según me cuentan, dicha casa estaba dividida en dos y en la mitad izquierda vivieron mis padres
y mis hermanos antes de yo nacer. Unos metros hacia el oeste, en otra casa parecida,
estaba el Galeón, bar insigne de varias generaciones.Y casi en frente de Villa Trini,
en un chalet (foto de la derecha), se encontraba Zambra, que posteriormente,
se llamaría Plumaria, como el árbol que había en su entrada y que, como el ficus
de hoja grande, se puso muy de moda en Málaga durante los años 70.
(Fotos JRT, 2009).


Precisamente uno de los bares más emblemáticos de la movida malagueña fue Zambra, también en Pedregalejo. Tenía un ambiente fenomenal. Allí fue a parar Antonio, de camarero, a finales de los 70 o principio de los 80. Y por él pasaron gente del mundillo de la farándula, como Antonio Banderas, o del mundillo musical, como Joaquín Sabina, por entonces apenas conocidos y con unas carreras incipientes. Este último, en una de sus actuaciones en dicho bar debió trabar amistad con Antonio. Pronto empezaron a tocar y a cantar juntos y Sabina terminó trayéndoselo a Madrid, a su casa de Tabernillas, situada en el barrio de La Latina, para que le acompañara a la guitarra y le hiciera los coros. Él es, por consiguiente, su descubridor, el que le abrió las puertas de su carrera musical, aunque yo -queda dicho- lo vi primero. Allí, a Tabernillas, fui a visitarle una vez y me presentó a Joaquín y éste a Lucía (qué nombre y qué canción -la de Serrat- tan bonitas !), su mujer en aquella época. Recuerdo perfectamente que estaban viendo por televisión (o tal vez fuese un video, si es que ya existían) un concierto de Bob Dylan, y que Sabina dijo “¡qué cabrón, qué bueno es!" (frase que después he repetido yo "cienes" de veces al escuchar sus canciones). Y es que Dylan ha gustado y ha influido a casi todo el mundo. Joaquín Sabina nunca lo ha negado y alguna canción suya es sencillamente un plagio descarao, y no me refiero a la del "bikini in the beguining" (por abreviar) que viene a ser una parodia cachonda del tema de Dylan "Man gave name to all the animals", y que interpretó en directo pero, que yo sepa, nunca grabó.

 

Joaquín Sabina en su casa, cuando vivía en la calle Tabernillas


Joaquín Sabina: canciones con mucha vida


Sabina, sin lugar a dudas, es santo de mi devoción (bendito sea !). Desde que se trajo a Antonio a Madrid, es decir, prácticamente desde sus comienzos, le sigo muy de cerca, no le pierdo ojo. Tengo casi todos sus discos, sin embargo nunca he ido a uno de sus conciertos con Viceversa. Mi seguimiento fue más estrecho al principio, en la década de los 80, como en el caso de Javier Krahe, otro cantautor de mi santoral al que le tengo gran fervor, un santo varón.

La primera vez que escuché a Joaquín Sabina fue en el sótano de un bareto que había en una callejuela por detrás del Café Barbieri, en el barrio de Lavapiés (Madrid), cerca de la plaza de igual nombre. En dicho local le escuchamos más de una vez, siempre acompañado a la guitarra y a los coros por Antonio. Cantaba entonces "Calle Melancolía", "Gulliver", "Qué demasiao", “Marieta” (de Brassens), “Adivina, adivinanza”, "Princesa" (coautor con el también malagueño Juan Antonio Muriel), “Con su bikini” (la ya aludida), “Pasándolo bien”, etc. Al poco tiempo, incluiría en su repertorio "Pongamos que hablo de Madrid", cuya música -muy pocos lo saben- es de Antonio Sánchez, y que grabó, junto a los tres primeros temas citados y el último, en su segundo LP de vinilo, Malas Compañías (1981); aunque sería otro Antonio, el hijo de Lola Flores el que la popularizaría en una versión* más roquera, aproximadamente un año después de que se editase dicho álbum.


Portada de Mala Compañías, el segundo disco (LP) de vinilo
de Joaquín Sabina, obra de Octavio Colis


Malas Compañías me gusta mucho, es acústico, lírico y contundente, con unos arreglos preciosos de Hilario Camacho y Jose Antonio Romero, que son también coautores de "Manual de héroes o canallas". La portada (arriba) y contraportada del disco, de Octavio Colis, son bien chulas. Sin embargo creo haber leído en el libro "Sabina en Carne Viva" (2006) que no está satisfecho con él porque no controló todo el proceso de producción como, al parecer, haría más tarde, especialmente a partir de Juez y Parte (1985), inclusive, un disco para mí gusto excelente que firma ya con el grupo Viceversa y contiene canciones tan entrañables como "Rebajas de enero", "Cuando era más jóven" o "El jóven aprendiz de pintor".


Juan Antonio Muriel
ha colaborado con Sabina
en diversas ocasiones y es coautor,
entre otros temas, de Princesa

En la foto el cantautor
malagueño actuando en el bar
El Rincón del Arte Nuevo (Madrid) cuando empezaba


El referido libro, obra del propio Joaquín y de Javier Menéndez Flores, recoge las entrevistas que este último le hizo a lo largo de varios días, y tiene, por lo tanto, un carácter autobiográfico. En él Sabina, efectivamente, se desnuda y cuenta su vida poniendo el corazón en el asador, pero sin perder la cabeza. Por cierto, no menciona para nada a Antonio “El Largo”, con el que debió tener algún problema serio después de La Mandrágora y de que Joaquín Sabina empezara a electrificarse y formara su primera banda, Ramillete de Virtudes, en la que todavía estaba Antonio. Con dicho grupo lo escuchamos en una carpa montada en El Retiro y/o en algún pabellón de la Casa de Campo de Madrid, cuando su manager era, sin no mal recuerdo, Paco Lucena. En el disco Ruleta Rusa (1983), inicio de la deriva roquera de Sabina, todavía figura Antonio en los agradecimientos ("porque cada vez que miro a la derecha, en el escenario, está ahí, sonriendo"). Quizás la causa del distanciamiento entre Sabina y Antonio, fuese la aparición de una tercera persona en la vida de éste último, como es mi caso, aunque yo nunca perdí la amistad con “El Largo”, al que de vez en cuento iba a verle cuando actuaba, primero con Krahe, luego con Académica Palanca. Pero aparte de saludos y charlas después de los conciertos o en encuentros casuales en Málaga, nada más. Una pena.



La Mandrágora


Pero donde confluyeron todos los astros fue en La Mandrágora, bar abierto en una antigua taberna que estaba situada en la Cava Baja, una de las calles del viejo Madrid. Aconteció en los primeros 80. Fue algo mágico y divertido a más no poder. Una mezcla explosiva. Para nosotros, además, era la primera vez que escuchábamos a Javier Krahe y a Alberto Pérez.

 

- -

Joaquín Sabina, Javier Krahe, Alberto Pérez y Antonio Sánchez en La Mandrágora


La Mandrágora, probablemente, fue algo irrepetible, un auténtico desmadre musical, incluso si me apuran también teatral. Cada cual con su toque y personalidad, pero todos a una, compartiendo composiciones y risas, pusieron sal y pimienta a noches inolvidables. Canciones originales, agudas, divertidas y corrosivas como “Villatripas”, “La hoguera”, "Marieta", “La tormenta” y muchas otras, escritas por Javier Krahe, Joaquín Sabina, Georges Brassens, etc., eran interpretadas magistralmente por los dos primeros y Alberto Pérez, y arropadas sólo por sus respectivas guitarras y la de Antonio Sánchez, y a veces por coros en los estribillos y uno o más cazú, un curioso instrumento que yo hasta entonces no había visto ni oído en mi vida.

El sin-par Alberto Pérez con su aire de seminarista y su tenue y cándida voz, extraordinario músico que entonaba, improvisaba y tocaba la guitarra requetebien, era el contrapunto escénico perfecto de Javier y Joaquín, muy en su papel de anarco-gamberros. Pero también hubo espacio para una poesía melancólica con temas como el ya nombrado “Pongamos que hablo de Madrid” o el precioso y lírico “Nos ocupamos del mar”, que tiempo atrás había cantado y grabado Rosa León (aunque sin interrupción de televisión para anunciar un brebaje o un masaje), y que en esta ocasión interpretaba genialmente Alberto Pérez. Por cierto no sabía que Rosa León había sido pareja, al menos artistica, del malogrado Jorge Krahe, el hermano pequeño de Javier con el que compuso varios temas.

Estar allí, y varias veces, fue un lujo. Afortunadamente se grabó un disco (LP) en directo, titulado La Mandrágora (1981), con varias de las canciones del variopinto repertorio. Además creo que nos encontrábamos allí el día que se grabó, pues recuerdo lo del vaso que se cae, las risas y el tarareo de Alberto Pérez mientras esperaban a que llegase Javier para interpretar "La ovejita lucera". Según cuenta el primero, las relaciones entre ellos ya se habían deteriorado. Al año siguiente se disolvería la "hermandad". Otra pena, penita, pena. Pero la vida y la historia siguen.


Portada del disco grabado en directo en La Mandrágora (1981).
Krahe parece mirar preocupado, perplejo y/o celoso,
los devaneos de Sabina con Pérez.



 

 

La diáspora


La Mandrágora fue todo un éxito. Nada menos que la CBS se interesó por Joaquín Sabina y por Javier Krahe, que grabaron con dicha multinacional Malas Compañías (1980) y Valle de Lágrimas (1980), respectivamente. Para el segundo era su bautizo discográfico. Además Fernando García Tola, por entonces, si no mal recuerdo, compañero de Carmen Maura, tuvo el atrevimiento de llevarlos a su programa de Televisión Española “Esta Noche”, donde cantaron en directo varias canciones. Aunque algunos, escandalizados, se rasgaron las vestiduras, el programa de Tola significó el lanzamiento a nivel nacional de los cuatro, y con él se hicieron populares y llegó la fama (téngase en cuenta que sólo había dos canales de televisión, ambos estatales). Como contrapunto, el éxito rompió las buenas vibraciones entre todos ellos y surgieron discrepancias y recelos, tal vez
latentes hacía algún tiempo.

Tras grabar el disco de La Mandrágora (1981) con la misma compañía, se produjo la diáspora y cada cual siguió su propio camino. Alberto Pérez formó una orquesta y se dedicó a cantar boleros. Creo que medio en serio, medio en broma, pero no estoy seguro; siempre que lo escuchaba me surgía la duda: ¿de que iba? (por favor, que alguien me asista).


Albeto Pérez en el bar Galileo Galilei de Madrid durante
su magnífica actuación en el concierto que dieron varios cantautores
para reivindicar una calle en Madrid para Hilario Camacho.
(Foto: JRT, diciembre de 2010)


Joaquín Sabina
formó el grupo Ramillete de Virtudes y posteriormente se asoció con Viceversa en una fructífera carrera musical, grabando discos espléndidos (bendito sea entre todas sus mujeres). También ha publicado algún libro de poesía, sin embargo comparto la opinión de su amigo Javier Menéndez Flores de que sus mejores poesías están en sus canciones, incluso tal vez en su vida, pues no hace falta escribir versos para ser poeta, existen múltiples maneras de hacer poesía.


Sabina y Viceversa en concierto.
Foto (recortada): Mario Pen
a


Los “agentes externos”, los aditivos y los excesos –todos ellos con derechos de autor- le han pasado factura, pero que le quiten lo "bailao", y que nos quiten lo que nos ha dejado, y lo que esté por “devenir”. Sus letras son magníficas y es un maestro en encajes de palabras y versos, de versos y palabras en la música; doctor en juego de palabras y sutiles metáforas. Cronista del amor, de la vida y de la muerte, busca-vidas en la desolación, apunta siempre al corazón.

Y morime contigo si te matas
y matarme contigo si te mueres
porque el amor cuando no muere mata
porque amores que matan nunca mueren

(Estribillo de "Contigo".
Yo, mí, me, contigo; 1996.
Joaquín Sabina)

El agua apaga el fuego
y al ardor los años,
amor se llama el juego
en el que un par de ciegos
juegan a hacerse daño.

Y cada vez peor
y cada vez más rotos
y cada vez más tú
y cada vez más yo
sin rastro de nosotros.

(Estribillo de "Amor se llama el juego"
Física y química, 1992.
Joaquín Sabina)

Antonio Sánchez continuó con Joaquín Sabina, pero al poco tiempo formaría parte de la banda que acompañaría a Javier Krahe en su carrera en solitario, y algunos años después, en unión de Javier Batanero y Miguel Vigil, fundaría Académica Palanca.


 

 

Javier Krahe:
trovador ibérico de bellota

 

 

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Académica Palanca:
tres músicos casi distintos y un solo humor verdadero

 

Académica Palanca en el Café Barbieri de Madrid.
De izquierda a derecha: Miguel Vigil, Antonio Sánchez y Javier Batanero.
En esta ocasión también se acompañaban de un guitarrista.
(Foto JRT, mediados de los 80)

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